Génesis 2:8 dice: “Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado”. Un huerto es un lugar lleno de vida. Después de que Dios creó al hombre, lo puso en un lugar lleno de vida. En medio de este lugar, el huerto del Edén, había un árbol llamado el árbol de la vida. El huerto no sólo era un lugar lleno de vida, sino que además, en el centro estaba el árbol de la vida. El hecho de que el Creador haya puesto al hombre en tal ambiente, indica que Dios se presentaba al hombre como la fuente de la vida y también como el suministro de vida.
Sin embargo, el hombre no participó del árbol de la vida, sino que comió del fruto del árbol del conocimiento; y como resultado, finalmente acabó dividido en naciones. En Babel el hombre creado por Dios para Su propósito se dividió en naciones. Éste fue el resultado que tuvo el haber sido seducido por Satanás para comer del árbol del conocimiento. Babel fue el resultado, la consecuencia, de que el hombre comiera del fruto del árbol del conocimiento. Esto indica que debemos tener cuidado con todo lo que no proceda de la vida, porque esas cosas resultan en división, es decir, en Babel.
Como veremos, hay una progresión descendente de Babel a Babilonia y de Babilonia a Babilonia la Grande. Al principio del Antiguo Testamento tenemos a Babel, pero al final tenemos a Babilonia. Además, al final del Nuevo Testamento tenemos Babilonia la Grande. Babel, Babilonia y Babilonia la Grande, todas proceden de la fuente del árbol del conocimiento. Esto significa que participar del árbol del conocimiento trae como consecuencia la división.
Mientras que, por el contrario, la vida es la esencia de la unidad. La unidad en la economía de Dios, la gran unidad que se revela en su totalidad en las Escrituras, puede preservarse solamente por medio de la vida. Sin la vida divina, no puede haber unidad.
Tomemos el cuerpo del hombre como ejemplo. Aunque el cuerpo tiene muchos miembros, todos los miembros son uno porque todos comparten una misma vida, la vida del cuerpo. Por tanto, la unidad de nuestro cuerpo físico es su vida. Sin embargo, cuando se entierra un cadáver, con el tiempo se descompone porque no tiene vida. Cuando se le quita la vida al cuerpo físico, los miembros del cuerpo se desintegran. Esto nos muestra el hecho de que la esencia de la unidad del cuerpo físico del hombre es su vida física. Si no hay vida, no hay unidad.
En un sentido real, el cristianismo actual no es el Cuerpo; es un cadáver. Los huesos secos mencionados en Ezequiel 37 no son solamente un cuadro de la condición en que se hallaban los hijos de Israel; también se pueden utilizar como un cuadro que nos muestra la condición de los cristianos en la actualidad. En esta porción de la Palabra, el Señor hizo que Ezequiel recibiera una visión de un valle lleno de huesos secos, huesos que representan “la casa de Israel” (v. 11). En el principio, los hijos de Israel eran un cuerpo viviente, pero después que se dividieron y se desintegraron, se convirtieron en huesos secos; cada uno estaba separado de los demás. Puesto que la vida había salido de los huesos, se perdió la esencia de la unidad, y los huesos se separaron. Aunque esto tiene un sentido negativo, nos revela que la vida es la esencia de la unidad.
El único hombre corporativo creado por Dios estaba destinado a producir un gran número de descendientes. ¿Cómo podrían estos descendientes ser uno? ¿Por medio de la educación? ¿Por medio de cierta clase de poder? ¿Por medio de organización? La única manera de mantener la unidad es por medio de la vida, en la vida y con la vida. Si Adán hubiera tomado del árbol de la vida, todos sus descendientes, aunque son millones, hubieran permanecido en unidad. Pero, puesto que Adán tomó del árbol del conocimiento, la esencia de la división fue inyectada en él, y sus descendientes se dividieron. La esencia de Babel que se manifiesta en Génesis 11 fue inyectada en el hombre en Génesis 3. Esto indica que la disensión y las divisiones son el resultado de recibir algo en nuestro ser aparte de la vida. Este elemento es el factor, la fuente y la esencia de la división. La esencia de la unidad, al contrario, es la vida. Solamente la vida puede preservarnos en unidad.
El terreno genuino de la unidad - Witness Lee
martes, 20 de marzo de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Vasitos de Barro ( Servicio para los Niños)
El primer propósito de este sitio es proveer un medio para facilitar la comunión y coordinación entre aquellos santos que sienten una carga por trabajar en la obra con los niños. Por medio de esta comunión y coordinación podremos recibir los beneficios mutuos de las muchas personas que el Señor ha dado como dones a Su Cuerpo. Esto hará disponible de una forma amplia sus experiencias multiformes y sus talentos (Mt. 25) para que las riquezas de Cristo puedan estar al alcance de aquellos que sienten la carga por trabajar con los niños, incluyendo los hermanos responsables, los servidores, y los padres.El segundo propósito de este sitio es proveer una alacena, tanto para almacenar estas riquezas para que no se pierdan como para hacerlos fácilmente disponibles y que se puedan distribuir a todos los que tienen el deseo de usarlos. El hermano Lee en su comunión con las iglesias en Taiwán en 1985 expresó su sentir respecto a cómo algunos santos deben proveer materiales para los niños y cómo los servidores deben usar estos materiales. El párrafo siguiente ayuda mucho para ver su carga respecto a este asunto:Necesitamos preparar materiales para las reuniones para los niños. No debemos tener reuniones para los niños sin preparación. Los hermanos que toman la delantera en la obra con los niños necesitan escribir y compilar materiales. Ellos necesitan tener mucha oración y comunión para saber el contenido y para escribir lecciones con planes. Necesitamos preparar materiales, pero los santos pueden decidir la mejor manera de usarlos (Crucial Words of Leading in the Lord’s Recovery, libro 5, pág. 89, por Witness Lee; publicado por Living Stream Ministry).Así que, esperamos que muchos hermanos que trabajan para producir materiales adecuados para la obra con los niños puedan compartir generosamente con el resto del Cuerpo lo que el Señor les ha dado. ¡Qué la bendición que Él otorga a uno sea para el beneficio de todos!El tercer propósito de este sitio es intentar proveer un modelo saludable respecto a los materiales que producimos y usamos en nuestra labor con los niños. Mediante mucha comunión y oración hemos hecho lo mejor posible para producir algunos materiales conforme a lo que hemos visto y entendido mediante nuestro estudio de la comunión dada por el ministerio respecto a esto. Mientras se nos hacen disponibles de parte del ministerio los libros que nos dan la comunión directa de parte del ministerio, todos tendremos una perspectiva más clara en cuanto a cómo producir materiales sanos y apropiados para los niños, sin levadura, que no impartan conocimiento espiritual prematuro y que no meramente educan a los niños con un conocimiento académico de la Biblia. Más bien, si todos laboramos conforme a la comunión del ministerio, podemos proveer materiales apropiados para los niños que fortalezcan el desarrollo de su humanidad y carácter, que apliquen la Palabra de Dios a su vivir práctica y que gradualmente, durante sus años de primaria, los hagan sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15).Esperamos que este sitio genere mucha comunión y motivación mutua entre aquellos que tengan una carga por los niños, y esperamos que muchos materiales puedan ser sometidos a nosotros con la posibilidad de hacerlos disponibles a los demás mediante este medio. Necesitaremos considerar con cuidado y en comunión lo apropiado del contenido y la presentación de todo lo que se somete a nosotros. Es posible que algunos aspectos necesiten ser editados, pulidos, etc. Solamente podremos trabajar con aquellos materiales que se sometan a nosotros de esta manera y que nos den la libertad de trabajar con ellos.Que el Señor Jesús, que dijo a Sus discípulos: Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a Mí (Mt. 19:14), bendiga nuestra labor juntos en la comunión del Cuerpo para que podamos por Su misericordia y gracia prepararle nuestra próxima generación bien dispuesta (Lucas 1:17) para Su regreso.
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