jueves, 15 de enero de 2015

Seguros en Su mano

Juan 10:28-29 “y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre.”
“La mano del Padre con la cual El nos escoge en amor, conforme a Su propósito ([Jn] 17:23; 6:38-39), y la mano del Hijo, con la cual El nos salva por Su gracia para que se cumpla el propósito del Padre ([Jn] 1:14; 6:37), tienen el poder que guarda, y protegen a los creyentes. La vida eterna nunca cesará, y las manos de Padre y del Hijo nunca fallarán. Por lo tanto, los creyentes disfrutan de una seguridad eterna y nunca perecerán.”*
¡Que certeza bendita! Cuando escuchamos la palabra de Dios y le recibimos, también recibimos este hecho divino e irreversible: nacimos de Dios (Juan 1:12-13). Esta verdad es un gran consuelo a nosotros y un fundamento sólido para nuestra vida cristiana. No importa cuantas situaciones desesperadas nos asalten, podemos rechazar cualquier duda que venga a nuestro corazón al pararnos firmes sobre lo que la palabra de Dios dice. El nos ha prometido vida eterna y no nos perderemos eternamente (Juan 3:16). Tenemos esta certeza porque nuestro Dios es fuerte. Nada ni nadie nos puede arrebatar de Sus manos y nada ni nadie nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro. 8:38-39). El no solo es más fuerte que Su enemigo; El también es más fuerte que nosotros. Aún si tratásemos, nunca podríamos separarnos. ¡Aleluya!
LM
*Nota 1 sobre Juan 10:28-29, tomada del Nuevo Testamento, Versión Recobro, publicado por Living Stream Ministry y disponible de manera gratuita a través de www.rldsa.org.

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